Hubo un tiempo en que, bajando hacia el valle de Santa Ana, el paisaje se abría entero: la montaña de Salitral con su parque eólico, el horizonte hacia el Pacífico. Hoy, ese paisaje desaparece poco a poco detrás de rótulos publicitarios cada vez más grandes e imposibles de evitar. Para que unos pocos anunciantes se enriquezcan, el resto del cantón carga con la contaminación visual. De noche tampoco hay tregua: rótulos iluminados y, cada vez más, enormes pantallas digitales saturan el cielo, y ver las estrellas se ha vuelto casi un lujo del pasado.

En muchos países este tipo de publicidad está regulado —tamaño, ubicación y densidad limitados por ley—. ¿Por qué Santa Ana no se plantea lo mismo? Nada de esto va en contra de la economía; al contrario: un cantón que cuida su paisaje es un cantón más atractivo, para todos, no solo para unos cuantos anunciantes.

Lo que ya existe

Santa Ana no parte de cero. Desde 2003, un reglamento municipal regula los rótulos comerciales: 0,50 m² por cada metro lineal de frente del local, una altura máxima de 12 metros para los rótulos independientes, y la prohibición de sobrepasar la línea de propiedad. Es un marco pensado para identificar negocios. El propio Plan Regulador 2026 menciona además un "Reglamento de Publicidad Exterior para el cantón de Santa Ana", que exigiría licencia para cualquier valla o pantalla —pero su contenido no está disponible públicamente, y no sabemos si realmente limita el tamaño, la iluminación o las pantallas digitales de gran formato.

Lo que sí podría impulsar el cantón

Es justamente ahí donde el nuevo Plan Regulador, que el Concejo Municipal vota este año, puede marcar la diferencia en lo que sí depende de la Municipalidad: patentes, permisos de construcción y zonificación, incluso en terrenos privados junto a las rutas nacionales. Podría exigirse que ese Reglamento de Publicidad Exterior se haga público y se fortalezca con topes claros —tamaño máximo, restricciones a las pantallas digitales y a los rótulos retroiluminados—, además de declarar miradores y corredores paisajísticos protegidos, coherente con los índices de fragilidad ambiental que ya ordenan el resto del plan.

La ley costarricense ya permite a las municipalidades regular la publicidad exterior en su territorio, y Santa Ana, al menos en el papel, también lo hace. La pregunta que debería hacerse el Concejo este año no es si legislar, sino si ese reglamento existente realmente protege el paisaje —o si solo existe en el papel.

Compartir WhatsApp