Cada año, toneladas de oro costarricense salen por el Aeropuerto Juan Santamaría con todos los papeles en regla, aunque la minería a gran escala está prohibida en el país desde 2010. Ese dato, aparentemente imposible, muestra que el crimen organizado no opera solo en las sombras sino también a plena luz del día, usando los mismos canales del Estado para protegerse. No es el problema de violencia que vemos en los titulares solamente, sino un fenómeno que captura economías, corrompe instituciones y ocupa los espacios donde el Estado no aparece. El conversatorio "Análisis del crimen organizado y la minería ilegal en Costa Rica: retos y perspectivas" reunió a personas expertas para tender un puente entre el fenómeno del crimen organizado y la realidad de Crucitas.

La investigación "Abangares: una lavadora para el oro ilegal de Crucitas", de La Voz de Guanacaste, documentó que entre 2017 y 2024 Costa Rica exportó cerca de 7.600 kilogramos de oro, unos $152 millones. Para dimensionarlo, esa cifra equivale a más de doce años de operativos policiales mensuales en la zona, y detrás de ese flujo el OIJ confirmó la existencia de grupos criminales que trafican cianuro, mercurio y armamento, además de corromper funcionarios públicos para operar con impunidad. Aunque la evidencia regional muestra que en América Latina legalizar la minería no ha erradicado la ilegal sino que termina dándole al crimen una capa de legitimidad, el Gobierno impulsa en la Asamblea un proyecto para abrir todo el distrito de Cutris a la explotación minera industrial.

¿Por qué el crimen pudo instalarse tan profundamente en Cutris? Porque es un territorio abandonado desde hace décadas, sin carreteras, sin oportunidades y sin presencia real del Estado. La Fundación del Río y quienes trabajan la zona coinciden en que la salida pasa por fortalecer esa presencia estatal, diversificar actividades productivas y establecer trazabilidad real del oro. Comunidades como las de Corcovado encontraron en la conservación una fuente de vida sostenible, y Cutris tiene el potencial para hacer lo mismo.

El problema del crimen organizado no se resuelve con más miedo ni con discursos de mano dura sino con Estado, con comunidad e información veraz, porque no se puede combatir lo que primero no se comprende.

Compartir WhatsApp