Para nadie es un secreto que en muchas ciudades y comunidades, hablar de desarrollo urbano parece haberse convertido en hablar de construcción: más edificios, más parqueos, más locales, más cemento. Pero mientras nuestras comunidades crecen, también enfrentamos escasez de agua, temperaturas cada vez más altas, pérdida de sombra, contaminación y reducción acelerada de la biodiversidad.

Por eso, los espacios verdes urbanos no son un lujo, son infraestructura necesaria para la vida.

El espacio verde también es infraestructura

Un árbol proporciona sombra, ayuda a regular la temperatura, contribuye a la infiltración del agua y ofrece refugio y alimento a aves, insectos y otras especies que también forman parte de nuestros ecosistemas.

Por eso, los gobiernos locales deberían garantizar la existencia y conservación de estos espacios, incluso dentro de los centros urbanos. Esto implica planificar su adquisición cuando sea necesario, ofreciendo a las personas propietarias un valor justo por sus terrenos, pero también establecer criterios claros para proteger las áreas verdes existentes.

No todo espacio público necesita convertirse en cemento para ser aprovechado.

Necesitamos parques y áreas verdes libres de contaminación visual y sonora, aunque estén en pleno centro del cantón. Espacios donde una persona pueda sentarse, caminar, respirar y encontrarse con otras personas y pasear a sus mascotas; pero también donde una abeja pueda encontrar flores, un ave pueda refugiarse y la vegetación pueda crecer.

Y además, estos espacios deben ser seguros.

La seguridad puede complementarse con iluminación adecuada, preferiblemente cálida y dirigida, evitando afectar a la fauna, y sistemas de vigilancia que protejan el lugar y ayuden a prevenir que se convierta en un sitio para depositar basura o cometer delitos.

Santa Ana está cambiando

En Santa Ana el crecimiento urbano ha transformado rápidamente nuestro territorio: más construcciones, más vehículos, más comercio y una creciente presión sobre los recursos naturales.

En medio de esta transformación, situaciones como la reciente tala de árboles en Santa Ana Centro nos obligan a preguntarnos: ¿qué tipo de ciudad queremos construir?

Porque una ciudad no se planifica únicamente pensando en dónde poner edificios, parqueos o locales comerciales.

Una ciudad sostenible no es aquella que ocupa cada espacio disponible con concreto. Es aquella que sabe dónde construir, dónde conservar y cómo garantizar que las personas y otras especies puedan seguir habitándola.

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